Kioto, Japón – El Altar del Poder
En un templo rodeado de estanques de carpas y cerezos en flor, la ceremonia llegaba a su momento cumbre. María y Vladimir, vestidos con la elegancia de la realeza, se miraban a los ojos frente al altar. El silencio era absoluto, roto solo por el sonido del agua.
—Prometo amarte, respetarte y estar en las buenas y en las malas contigo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe —pronunció María con voz firme, sellando su destino con el ruso.