Kioto, Japón – El Altar del Poder
En un templo rodeado de estanques de carpas y cerezos en flor, la ceremonia llegaba a su momento cumbre. María y Vladimir, vestidos con la elegancia de la realeza, se miraban a los ojos frente al altar. El silencio era absoluto, roto solo por el sonido del agua.
—Prometo amarte, respetarte y estar en las buenas y en las malas contigo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe —pronunció María con voz firme, sellando su destino con el ruso.
Vladimir, tomándole las manos, repitió el juramento con la misma intensidad. Ambos se prometieron ante Dios amarse y estar juntos hasta el último aliento. Al finalizar, se fundieron en un beso que no solo simbolizaba amor, sino el inicio de una alianza indestructible para recuperar lo que les pertenecía.
Nueva York – El Coliseo de Lucía
En la mansión, Lucía observaba a Alejandro con una sonrisa de hiena. Iván permanecía a su lado, disfrutando del momento en que el colombiano tendría que demostra