Nueva York – Reclusorio Central (Un año después)
Ha pasado un año. El tiempo en la cárcel se mide en cicatrices y silencios. A Gabriel aún le faltan cuatro años para recuperar su libertad, y la nostalgia por su hijo Dairon y por la vida que le arrebataron lo consume cada noche. Sin embargo, hay una presencia que se ha vuelto su única droga: Zelda.
Esa tarde, Zelda entró a la sala de visitas privada —comprada con el dinero de sus negocios turbios— más provocativa que nunca. Llevaba un vestido de