Nueva York – El Penthouse de Lucía
El teléfono de Lucía vibró sobre la mesa de mármol. Era Mónica, desde las profundidades de Colombia.
—Mamá, el trato está cerrado. Alejandro es un hombre de palabra y el cargamento ya está en camino. Pero hay algo más: él quiere conocerte personalmente. Dice que solo hace negocios definitivos cara a cara con la verdadera reina.
Lucía sonrió, una mueca de triunfo absoluto.
—Buen trabajo, hija. Prepárale el terreno. Pronto iré a verlo.
Al colgar, Lucía miró a Iván, que servía dos copas de champagne. La adrenalina del éxito no era suficiente para ella esa noche. Sobre una pequeña bandeja de plata, Lucía preparó dos líneas de polvo blanco. Con una mirada desafiante y llena de soberbia, se inclinó y aspiró la droga por la nariz, sintiendo la descarga eléctrica recorriendo su sistema. Iván, contagiado por la euforia y la locura de su jefa, le siguió la corriente, inhalando el resto antes de vaciar su copa de champagne.
El efecto fue inmediato. El deseo se