En Nueva York, la policía irrumpió en la oficina de Gabriel Gómez.
—Señor Gómez, queda detenido por fraude internacional y lavado de dinero —anunció el agente con voz firme.
Gabriel, incrédulo, levantó las manos.
—¡Esto es una mentira! ¡Lucía me tendió una trampa!
Los flashes de las cámaras iluminaron la escena. Los periodistas gritaban preguntas, mientras Gabriel era esposado y llevado al vehículo policial.
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María llegó al aeropuerto con el corazón acelerado. Apenas bajó del avión, corrió h