Lucía caminaba por su mansión con paso firme. En sus manos tenía un portafolio lleno de documentos.
—Gabriel cree que puede resistir… —dijo con voz helada— pero pronto no tendrá nada.
Mónica la observaba con nerviosismo.
—¿Qué planeas ahora?
Lucía abrió los papeles y mostró contratos falsificados.
—La empresa textil de Gabriel será mía. He creado una red de sociedades fantasma en Kazajistán y Chipre. Cuando los bancos revisen sus cuentas, todo estará vacío.
Iván sonrió con cinismo.
—Entonces no solo le quitaremos a su hijo… también su legado.
En Moscú, María revisaba su teléfono. Una notificación la dejó paralizada: “Fallece Dairon Gómez, hijo del empresario Gabriel Gómez”.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¡No… mi hijo! —gritó con desesperación.
Vladimir se acercó, intentando consolarla.
—Мария… будь сильной. (Mariya… bud’ sil’noy.)
María… sé fuerte.
Ella lo miró con dolor.
—Debo volver a Nueva York. Gabriel me necesita.
Vladimir asintió con firmeza.
—Я поеду с тобой. (Ya poedu s to