El hospital estaba cargado de silencio y tensión. Lucía despertaba entre delirios, mientras Gabriel y Alejandra intentaban sostener el peso de la tragedia.
Lucía, delirando, entre lágrimas:
—¡Perdón, Julián! ¡Perdón, Andrés! ¡Las sombras no me dejan… asesina, asesina…!
Gabriel (tomándola de la mano, con voz quebrada:
—Lucía, basta… no sigas. Necesito que luches por tu vida, no por tus fantasmas.
Lucía, gritando:
—¡No entiendes, Gabriel! ¡Nuestro padre mató a los padres de María! ¡Todo está manc