El Atentado en el Hospital
Lucía, al enterarse de que Victoria, la madre de Camila, estaba hospitalizada, decidió que era el momento perfecto para dar un golpe final. Su plan era retorcido: aprovecharía que Camila estaba fuera de la ciudad para cobrarle su traición de la manera más dolorosa posible.
Al llegar al hospital, Lucía se acercó al mostrador con una calma gélida que ocultaba sus verdaderas intenciones.
—Hola, busco la habitación de la señora Victoria —dijo, fingiendo una sonrisa amable.
—Un momento, por favor —respondió la enfermera mientras revisaba los registros—. La paciente está en la habitación 111. ¿Es usted familiar?
—No, solo soy una vieja amiga que ha venido a ver cómo sigue —mintió Lucía sin parpadear—. Le estoy haciendo un favor a su hija, quien lamentablemente se encuentra de viaje y no puede estar aquí.
—Lo siento, pero no puede pasar hasta que el médico de turno lo autorice —indicó la enfermera.
—Está bien, no hay prisa. Esperaré lo que sea necesario —asintió Lu