La Despedida de Enrique
El aire en la ciudad se sentía pesado, como si la atmósfera misma presagiara los cambios drásticos que estaban por ocurrir. Enrique, el hombre que había sido el pilar de María durante sus años de transformación, se encontraba en una encrucijada personal. Tenía que volver a España para arreglar asuntos legales y financieros que requerían su presencia física. Sin embargo, su corazón se oprimía ante la idea de dejar a María —ahora Alejandra— sola en medio de la guarida de los lobos.
Se presentó en las oficinas de la empresa con una mezcla de determinación y melancolía. Al llegar a la recepción, su presencia no pasó desapercibida.
—¡Hola! —le dijo Enrique a la secretaria con una cortesía que ocultaba su ansiedad—. ¿Se encuentra la señora Alexandra en la oficina?.
—Sí, señor —respondió la secretaria, revisando la agenda—. Está terminando una reunión con la señora Lucía sobre asuntos estratégicos de la compañía.
Enrique asintió, tratando de disimular el desagrado q