El Peso del Pasado
Después de que Gabriel terminó su tensa conversación con la mujer que ahora se hacía llamar Alejandra, un vacío profundo se instaló en su pecho. Aunque ella había negado ser María con una firmeza aterradora, las dudas y las inquietudes seguían vibrando bajo su piel. Ambos tomaron caminos distintos físicamente, pero mentalmente seguían atrapados en el mismo laberinto de recuerdos y secretos.
Mientras tanto, en el hogar de los Soto, Camila sentía que el aire se volvía cada vez más difícil de respirar. La presencia de la nueva socia en la empresa había actuado como un reactivo químico, sacando a la superficie comportamientos en Gabriel que ella creía superados. Lo veía llorar en el silencio de la noche, atrapado en un duelo por María que parecía no tener fin.
—No la has soltado, Gabriel —susurró Camila para sí misma mientras observaba a su hija, Rebeca, jugar en la sala—. Y esa mujer, Alejandra... hay algo en ella que me hiela la sangre.
Decidida a despejar su ment