El apartamento de Mateo estaba a oscuras.
No era solo la oscuridad de la noche; era una oscuridad intencional, pesada, con las cortinas corridas bloqueando cualquier atisbo de la ciudad. El meticuloso orden que Adrián había intentado imponer el día anterior se había borrado, consumido por la atmósfera sombría que el propio Mateo causaba.
Estaba hundido en el sofá, con una botella de whisky medio vacía en la mano. No se molestaba con un vaso. Bebía directamente de la botella, el líquido ámbar qu