Karla no soltó las manos de Valeria. Al contrario, apretó su agarre, buscando transmitirle esa fuerza que solo la sangre puede dar. Sus ojos, antes llenos de miedo, ahora brillaban con una determinación nueva.
—¿Y cómo quieres proceder? —preguntó Karla con firmeza—. Solo dime qué quieres que haga y lo haré, hermana. No me importa el riesgo.
Valeria la miró fijamente. Por un segundo, dudó. Involucrar a Karla significaba ponerla en la mira de personas que ya habían demostrado no tener escrúpulos.