Valeria se dejó envolver por el abrazo de Karla, sintiendo por un segundo que el peso del mundo se aligeraba. Después de unos instantes, se separó lo justo para dejarla pasar y cerró la puerta con tres vueltas de llave, como si quisiera dejar fuera todo el veneno que acababa de ver en la televisión.
Ambas se sentaron en el sofá, frente a la pantalla ahora negra. Karla no perdió tiempo en rodeos; sus ojos buscaban los de su hermana con una urgencia que no admitía mentiras.
—Hermana, ¿qué es todo