Las coordenadas los llevaron fuera del centro.
No a un edificio corporativo ni a un punto turístico reconocible, sino a una franja olvidada de la ciudad donde los mapas se vuelven imprecisos y la señal pierde convicción. Un antiguo intercambiador de transporte, clausurado hacía años, sobrevivía entre grafitis y concreto agrietado como una idea que nadie terminó de borrar.
Valeria sintió el sistema tensarse apenas cruzaron el perímetro.
No habló.
No advirtió.
Solo observó.
—No le gusta este luga