El túnel no olía a abandono. Valeria lo percibió en cuanto cruzaron el último escalón metálico y el eco de la superficie quedó atrás. No había ese hedor rancio de los lugares olvidados ni la quietud polvorienta de lo que ha sido sellado durante años. El aire estaba cargado de humedad reciente, de electricidad tibia, de metal que había sido tocado, movido, usado.
Alguien había estado allí.
No hace mucho
—Aquí hay actividad —susurró, más para sí misma que para Adrián.
La luz de emergencia proyect