El resplandor intermitente de las luces de emergencia bañaba las estanterías de metal en un tono carmesí, haciendo que el archivo pareciera una herida abierta en el corazón de la Torre Han. Adrián no parpadeaba. Sus dedos, entumecidos por el frío de la sala refrigerada, apretaban el papel de hilo con una fuerza que amenazaba con desgarrarlo.
Valeria se acercó a él, sintiendo la vibración de la furia que emanaba de su cuerpo. Al mirar sobre su hombro, vio lo que lo había dejado petrificado. No