La atmósfera en el archivo cambió drásticamente. El aire, ya viciado por el sistema de ventilación detenido, pareció volverse más denso cuando Graciela dejó de gritar. Su rostro, antes crispado por la rabia, se relajó en una máscara de fría serenidad. Soltó una risa seca, casi inaudible, y miró a Adrián con una compasión que resultaba más aterradora que su odio.
—¿Realmente crees que ese trozo de papel cuenta la historia completa? —preguntó Graciela, bajando la voz hasta convertirla en un sus