Anastasia cruzó el umbral del baño de damas con pasos que, aunque pretendían ser firmes, flaquearon en cuanto la puerta pesada se cerró a sus espaldas, aislándola del bullicio corporativo de Vega Corp. Se dejó caer contra el mármol frío de los lavabos, sintiendo que el oxígeno le faltaba. El eco de la voz de Adrián llamando "esposa" a otra mujer seguía martilleando en sus sienes.
Se obligó a levantar la mirada hacia el gran espejo iluminado. Allí estaba su reflejo: impecable, perfecto, ni un so