Rómulo se quedó paralizado, sin saber qué responder. La mirada de Lupita, brillante y desafiante, lo atravesó, y un nudo se le formó en el estómago. Miguel y Lupita rieron, como si la situación fuera un juego.
—Sí —dijo Miguel, recuperando un poco su humor—. Claro que se pueden quedar. Rómulo es de confianza, ¿no? Ni parece hombre para esas cosas.
Las risas de ambos resonaron, pero para Rómulo fueron como latigazos. Sintió el desprecio en sus voces, la burla a su timidez, a su incapacidad para r