Capítulo 8
Veía con envidia y deseo cómo las parejas se abrazaban, y su anhelo de tener su propia experiencia crecía. No quería nada extravagante, solo una mujer dulce, tierna, que llenara sus sentidos. Cada tarde, al pasar frente a las preparatorias, encontraba a chicas de quince o dieciséis años, regresando de clases, platicando en grupos, lanzando miradas curiosas y risitas. Sus rostros sonrientes, sus cuerpos esbeltos con faldas cortas, sus caderas balanceándose con una alegría casi infantil, lo cautiv