Capítulo 12
Abrió la ventana de su cuarto, rompió la carta que había escrito a la vida y dejó que los pedazos se esparcieran en la oscuridad. Los fragmentos de papel, cargados de su dolor, revolotearon hacia el patio como hojas secas, tragados por la noche. Había aprendido, en los días amargos que siguieron a su ruptura con Miguel, que hundirse en silencio era más digno que pedir ayuda. La Ciudad de México, con su indiferencia implacable, parecía recordarle que todo lo frágil estaba destinado a perecer. El