En un parpadeo, estaba en el cuarto de Miguel. Lupita ya estaba ahí, sentada en el sofá, con el cabello rojizo aún húmedo por la lluvia. Al verlo, sus ojos se posaron en él, curiosos, envolviéndolo como una ola suave. Le tendió la mano en silencio, y su mirada, aunque cálida, tenía un matiz nuevo, como si lo viera por primera vez. Rómulo, paralizado, apenas correspondió el gesto, sintiendo que el aire se volvía denso, cargado de recuerdos que prefería enterrar.
Miguel, ajeno a la tensión, hablab