Alade caminaba de un lado a otro, como un animal enjaulado. Los dedos iban a la boca sin que lo notara, royendo uñas ya gastadas, mientras gotas de sudor le corrían por la sien. En cualquier momento, la sentencia llegaría. La puerta rechinó suavemente.
"Escuché algunos murmullos por la casa." Astar estaba apoyado en el marco, los brazos cruzados y el semblante cargado con aquel sarcasmo habitual. "¿Es verdad?"
"¿Qué tal si me dejas en paz?" murmuró Alade entre dientes apretados.
El hermano sonr