Aaron se levantó de un salto, los músculos tensos, los ojos brillando en alerta. Alade imitó el gesto, el corazón retumbando tan fuerte que podía sentir la sangre pulsando en sus oídos. El suelo del templo, donde el lupino mensajero había caído, ahora era un altar silencioso para la muerte.
Liam permanecía inmóvil junto a Collin. Su rostro parecía una estatua de piedra esculpida por el propio desespero. Algo dentro de él se rompía en silencio, y eso dolía más que cualquier grito.
"¡Pido que man