64. El salto.
Cuando desperté en la mañana, estaba haciendo un recorrido que inmediatamente mis dientes pusieron a castañear. El grupo que entraba por la cueva era el gasto como una aguja y se te arrancada foro del cuerpo. Hace ya abrazado de mí y dormía pasivamente. Si el niño puede ir a transformarse en podría bajarnos de la montaña en apenas jugar de obras, pero no podía forzarlo.
Además, yo ni siquiera sabía cómo debía sentirse, qué era lo que el niño de 10 a vivir. A pesar de haber pasado muchas horas sin comer y sin beber, extrañamente no me sentía tan cansada como debería, y observé mi tobillo: se había desinflamado por completo, como si nunca me hubiera pasado nada. Me quité el zapato y comprobé la piel, todo está ahí perfecto.
— Yo pensé que se te había roto — y con niños despertando y señalándome tu vida.
— Creo que sí se rompió, pero no sé, parece que está más rápido, ¿tiene sentido?
— Pues algo simplemente estaba torcido, porque sí — bromeé — , pero no es cierto, es que no tenía se