63. Atrapado.
Corrí hacia donde estaba el niño. Se agachó ante mi presencia; se veía vulnerable, a pesar de ser tan grande, tan enorme, que yo, en mi forma humana, ni siquiera tenía la capacidad de alcanzar la mitad de su altura. Estaba temblando.
— No tienes que hacer un niño — le dije — . Es normal, es normal que cuando nos transformamos por primera vez sea difícil regresar a nuestra forma humana. Pero no te preocupes, no te vas a quedar así, ¿me entiendes? Todo va a salir bien.
El niño lanzó un chillido