42. Las reglas.
— Lo siento, mi Alfa — dijo el muchacho mientras apretaba con fuerza la espalda de Maximiliano — . De verdad, por favor, no nos vaya a expulsar.
— No lo haré — le dijo Maximiliano, tomándolo con fuerza por los hombros para que lo mirara a la cara — . Pero no quiero que vuelvas a ocultarme absolutamente nada, ¿entiendes? Lo que pasó aquí, el embarazo de Lara, no tienes nada que ver con la traición a la manada. Lo único que hicimos con todo esto fue perder el tiempo, tiempo valioso que podía h