43. El niño que ve demaciado.
El niño parecía hastiado de mí y, sinceramente, yo tampoco sentía mucho placer por estar ahí en ese momento con él, pero ninguno tenía otra opción.
— ¿Por qué me odias? — le pregunté.
El niño caminó hasta el alféizar de la ventana. Se sentó ahí a observar el exterior a través del cristal.
— Porque no eres buena — dijo simplemente — . Yo sé que no eres buena.
— No tienes forma de saberlo si no me has dado la oportunidad de que nos conozcamos.
Luego clavó sus ojitos claros en los míos. No pu