40. La amo.

Avancé al lado de Franco por la pradera mientras caminábamos hacia donde quedaban las celdas, en un lugar que yo no había visto nunca en la manada, un poco alejado, cerca de donde estaban los cultivos. Podía ver que la manada tenía sembradas muchísimas cosas: había enormes cultivos de piña, también sandías, árboles frutales, muchísimos vegetales, hortalizas y todo lo que la manada pudiera necesitar para comer.

— ¿No estamos en toque de queda? — le pregunté.

El muchacho simplemente se encogió de hombros.

— Supongo que tengo un permiso especial. Mi abuelo me pidió el favor de que estuviera pendiente de ti, así que prácticamente soy tu guardia personal.

— No necesito un guardia personal — le dije.

Él sonrió.

— Yo que tú no estaría tan segura de eso.

El muchacho me hablaba con confianza. Parecía que, aunque seguía teniéndome respeto, por suerte no me veía como esa figura todopoderosa a la que había que adorar, y eso me hizo sentir un poco más cómoda.

— ¿Cómo viste mi
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP