40. La amo.

Avancé al lado de Franco por la pradera mientras caminábamos hacia donde quedaban las celdas, en un lugar que yo no había visto nunca en la manada, un poco alejado, cerca de donde estaban los cultivos. Podía ver que la manada tenía sembradas muchísimas cosas: había enormes cultivos de piña, también sandías, árboles frutales, muchísimos vegetales, hortalizas y todo lo que la manada pudiera necesitar para comer.

— ¿No estamos en toque de queda? — le pregunté.

El muchacho simplemente se enco
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