39. La impostora.
En el instante en el que hice aquello me arrepentí de inmediato. Había actuado por rabia, por miedo, y de verdad me pregunté por qué lo había hecho. Cuando el niño me miró desde abajo, los ojitos llenos de lágrimas, me pregunté por qué lo había golpeado.
Sabía que tal vez el niño tenía las tendencias homicidas de su padre, pero no deja de ser un niño que estaba intentando proteger a su hermanita de una mujer en la que no confiaba, y yo no podía ser tan hipócrita de negar que, en efecto, el niño