24. El nuevo alfa.
Desde el suelo comencé a retroceder inconscientemente, buscando alejarme de aquel hombre. Se veía tan aterradoramente amenazante; había algo en él que me generaba un terror profundo. Y entonces intenté alejarme arrastrándome, pero me topé con uno de los hombres alados que me habían llevado.
— Gracias por eso — les dijo el hombre, dándome la espalda y caminando hasta quedar sentado en una especie de trono hecho de piedra al final de la habitación.
— Yo… yo no soy la luna de Alaska — comenc