25. La verdad arrancada.
La fuerza en mis piernas desapareció por completo. Terminé completamente sentada en el suelo, sin energías para levantarme ni siquiera para hablar. El Alfa Bastian seguía ahí, observándonos, analizando cada una de nuestras reacciones.
— ¿De qué diablos estás hablando? — preguntó Franco.
Yo seguía ahí, medio paralizada, medio sorprendida, incapaz de preguntar cualquier cosa; simplemente analizando la conversación que ambos hombres estaban teniendo.
— Así como lo escuchas — dijo Bastian.