118. La sentencia y la salvación.
Franco escuchó aquel veredicto con horror. Pudo ver incluso cómo Francisco abrió los ojos, desesperado.
— ¿Estás diciendo que vas a matarlos también? — gritó el transformista — ¡Ellos no tienen nada que ver! Ellos solamente vinieron a pedir ayuda. ¡Déjalos ir! ¿Cómo vas a matar a una niña?
Isabel se abrazó a sí misma en la silla.
— ¿Una niña? — preguntó el hombre. Se veía que era un poco viejo para el cargo. Franco no sabía cómo envejecían los vampiros; según los pocos rumores que tenían lo