115. El peso de la luna.

El peso de la luna

Extendí mi conciencia completa hacia mi hijo y pude percibir el miedo que lo invadió en ese momento.

— Cálmate — le pedí — Por favor, cálmate.

Pero su lobo comenzó a temblar copiosamente. Parecía que estaba entrando en pánico. Entonces Maximiliano llegó conmigo; Nicolás seguía inconsciente en el suelo por el golpe que El Alfa le había dado, y se avalanzó sobre su hijo, apoyándole las manos en la cadera para que se sentara, y así lo obedeció.

entré a la conciencia colectiva que compartimos ambos.

— Vamos, tranquilízate — le pedía Maximiliano — . Te prometo que vas a poder hacerlo. Concéntrate en esa energía, intenta hacer la pequeña llama en tu pecho.

Pero la desesperación crecía dentro de Axel. No era capaz, no podía hacerlo. Sabía que él sí podía transformarse nuevamente en humano, que ya lo habíamos comprobado el día que aquella rey cuervo nos había secuestrado; él había regresado a su forma humana. Pero no entendía cómo, no entendía cómo había sucedido.

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