116. Cárcel y conspiración.
Cuando Franco despertó, no estaba en una habitación como la primera vez que había despertado dentro del aquelarre; esta vez despertó en una celda estrecha.
Lo primero que hizo fue intentar buscar su lobo, y lo encontró; podía transformarse si quería, pero cuando levantó la cabeza pudo ver que la celda tenía enormes púas que lo atravesarían en el instante en el que se transformara.
— Ni siquiera lo intentes — le dijo una voz.
Cuando volteó a mirar hacia la derecha, se encontró al transformista en la celda de al lado. Sus ojos parecían brillar en la oscuridad, pero pudo ver dentro de ellos una enorme rabia que lo invadía.
— ¿Qué es lo que está pasando? — preguntó Franco.
Había intentado pelear cuando sometieron a Francisco en la entrada de la montaña, pero le habían lanzado nuevamente un dardo que lo había dejado inconsciente.
— ¿Dónde está Isabel?
— No lo sé, pero creo que la niña está bien. La llevaron a un lugar especial, probablemente esté en el salón principal donde están mis