El silencio de la cabaña tenía un peso distinto cuando ella dormía. Era un silencio frágil, casi sagrado, que me permitía observar a Alissa sin el filtro de su desprecio o mi culpa. Me moví con una lentitud de fantasma, deslizándome fuera de la cama. Mis rodillas aún flaqueaban por la fiebre, pero la urgencia de buscar algo de agua en la pequeña cocina pudo más que mi debilidad.
Apenas di tres pasos cuando mi pie tropezó con algo sólido. La pequeña maleta que Alissa había arrastrado bajo la tor