La cabaña estaba sumida en un silencio denso, interrumpido únicamente por el crepitar de la leña y el sonido metálico de los cubiertos contra el plato. Kyler había cocinado algo sencillo, un caldo caliente con los pocos suministros que quedaban en la alacena, pero el esfuerzo se sentía extrañamente desubicado. Yo me senté a la mesa, manteniendo la espalda rígida, y me obligué a comer. Cada bocado se sentía como ceniza; mi mente seguía estancada en el papel que había desencadenado todo, en la im