Alissa miró el líquido ámbar en su vaso, sintiendo el calor del alcohol comenzando a relajar sus hombros tensos. Estar en ese bar subterráneo, lejos de las miradas juiciosas de la alta sociedad y, sobre todo, lejos de la crueldad de Daniel, le daba una embriagadora sensación de libertad.Y la presencia de Kyler, para su propia sorpresa, solo intensificaba esa sensación.Aceptando que huir era inútil, Alissa se permitió bajar la guardia. A medida que los minutos se convertían en horas y los tragos se acumulaban, descubrió una faceta de Kyler que la oficina le había ocultado. Detrás de la arrogancia y el coqueteo descarado, había un hombre sumamente inteligente, ingenioso y con un humor ácido que lograba desarmarla. Kyler le hablaba de viajes, de rincones ocultos del mundo y de anécdotas absurdas que hacían que Alissa olvidara por completo el peso de su apellido.—No te creo —dijo Alissa, soltando una risa cristalina y genuina, una que no había salido de su boca en años—. Nadie en su sa
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