El sonido de la cadena tirando del agua del inodoro rompió el silencio de la cabaña, seguido por un silencio prolongado y pesado. Me quedé apoyada contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa que aún no terminaba de abandonar mis labios, aunque mi preocupación empezaba a abrirse paso entre la ironía. Kyler tardaba demasiado.
—¿Kyler? —llamé, mi tono perdiendo un poco de ese filo burlón—. ¿Sigues vivo ahí dentro o has decidido mudarte al baño?
La puerta se abrió con un gem