La séptima noche cayó sobre el Refugio Verde como un veredicto final.
No hubo lluvia suave ni niebla engañosa. Esta vez el cielo se abrió con una tormenta brutal, casi violenta, como si el bosque hubiera decidido dejar de seducir y empezar a reclamar lo que consideraba suyo.
Alma Nova salió de la cabaña sin botas.
Sus pies descalzos tocaron la tierra por primera vez desde que llegó. La rama que subía por su pierna izquierda ahora llegaba hasta la cintura, gruesa, viva, con flores blancas que br