Doscientos cincuenta años después de aquella primera danza bajo la lluvia.
El Refugio Verde ya no era un secreto guardado entre montañas. Se había convertido en un sitio declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero con una advertencia clara en todas las entradas: “Aquí se puede sanar. Aquí también se puede perder. Elija con conciencia.”
Luna Mateo, con treinta y cinco años y una determinación que heredó directamente de su tatarabuela, era ahora la Custodia Principal del Lugar. Vivía en u