Trescientos años habían pasado desde la primera vez que Valeria bailó bajo la lluvia con Mateo.
El Refugio Verde ya no era solo un bosque. Era un monumento vivo a la elección.
El jardín de flores blancas había crecido tanto que ahora formaba un anillo completo alrededor del círculo. Ya no era una grieta. Era una frontera clara, hermosa y respetada. Nadie entraba al círculo sin antes detenerse frente a las flores y pronunciar su nombre completo en voz alta.
Luna Alma, bisnieta de Alma Luna, era