Tres meses después de salir del Refugio Verde, Alma Nova seguía sin poder escuchar la lluvia sin temblar.
Vivía de nuevo en Santo Domingo con sus padres, quienes creían que había pasado un verano “de voluntariado en las montañas”. Ella no les contó la verdad. ¿Cómo explicarles que había dejado una parte de su alma enterrada entre raíces y risas eternas?
La marca en forma de hoja blanca en su pierna izquierda nunca desapareció. A veces, cuando llovía fuerte, la hoja se calentaba y palpitaba, com