Veinticinco años después de aquella séptima noche en que Alma Nova rompió la rama que la ataba.
El Refugio Verde seguía existiendo.
Seguía recibiendo almas rotas, curiosos y enamorados de la lluvia. El flamboyán grande había crecido aún más, sus raíces ahora abrazaban un área mucho mayor del círculo. Sus hojas seguían riendo con cientos de voces cuando llovía. Miles de personas habían bailado allí. Cientos se habían quedado.
Pero algo había cambiado.
Entre todas las voces que susurraban entre l