Ciento ochenta años después de aquella primera noche en que Valeria y Mateo bailaron bajo la lluvia.
El Refugio Verde ya no es solo un bosque. Es un mito vivo.
Cada año siguen llegando miles de personas. Algunos buscan sanación. Otros, curiosidad. Unos pocos, olvido. El círculo sigue allí, y cuando llueve, muchos se quitan los zapatos y bailan. Las risas aún se mezclan con el susurro de las hojas. El flamboyán grande sigue siendo el corazón del lugar.
Pero ahora hay algo diferente.
En la fronte