Doscientos treinta años después de aquella primera noche bajo la lluvia.
El Refugio Verde ya no era solo un bosque legendario. Se había convertido en un fenómeno cultural. Había libros, documentales, obras de teatro y hasta una serie en streaming sobre “La Mujer que No Bailó”. Pero nada de eso capturaba realmente la verdad.
La flor blanca en la frontera ahora cubría varios metros. Se había convertido en un jardín vivo que marcaba claramente dónde terminaba el poder del bosque y empezaba la libe