Dos años después.
Alejandro Montalbán de León ya no era el hombre serio que llegó en jeep negro. Ahora usaba camisetas viejas, tenía la piel bronceada por el sol y la barba siempre un poco crecida. Los niños lo llamaban simplemente “Don Ale” y lo buscaban para que les contara historias de cuando era niño rico y tonto.
Una tarde de julio, empezó a llover fuerte. Como siempre, los niños salieron corriendo descalzos hacia el círculo de árboles gritando “¡Lluvia!”.
Alejandro estaba en el taller de