Cinco años después.
Valeria Mateo, la hija de Alejandro y Camila, cumplió cinco años y ya era imposible controlarla. Corría descalza por todo el Refugio, se metía al río sin permiso y gritaba “¡Lluvia!” aunque el cielo estuviera completamente azul. Tenía el cabello blanco como Valeria y los ojos claros de Alejandro. Todos decían que era la reencarnación exacta de su bisabuela.
Esa mañana, Valeria Mateo despertó a sus padres saltando sobre la cama.
—¡Mamá! ¡Papá! ¡El río me llamó toda la noche!