Ciento cincuenta años después de aquella primera noche en que Valeria y Mateo bailaron bajo la lluvia.
El Bosque que Baila ya no pertenece a una familia.
Ahora pertenece al mundo.
Cada año, miles de personas llegan al Refugio Verde solo para quitarse los zapatos y bailar cuando llueve. Nadie les tiene que explicar nada. Simplemente lo hacen. Es como si el bosque mismo les susurrara al oído que ahí está permitido ser feliz.
En el centro del círculo, donde alguna vez cayeron Valeria, Luna Camila,