Valeria Mateo cumplió cuarenta años en silencio.
No quiso fiesta. Solo pidió que esa noche la dejaran sola en el círculo de árboles. Treinta y dos flamboyanes ya formaban el anillo perfecto. Ella caminó descalza hasta el centro y se sentó en la tierra, exactamente donde todas las mujeres de su familia se habían sentado antes que ella.
Llevaba en las manos la carta original de Valeria de León, la misma que había leído con dieciocho años. La abrió una vez más y leyó en voz alta las palabras que y