Alma Nova tenía diez años y nunca había necesitado bailar para ser feliz.
Llegó al Refugio Verde un martes de tormenta, con las botas llenas de barro y una curiosidad que no cabía en su pecho. Sus padres pensaban que sería bueno “conocer la historia”. Ella solo quería ver si el flamboyán grande era tan grande como decían los cuentos.
Cuando empezó a llover, todos corrieron al círculo.
Ella se quedó atrás.
Se acercó despacio al árbol centenario. Las raíces salían de la tierra como dedos viejos q